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¿Cuántos años tiene el “Santa” de la Cota Mil? Esta es su historia

Caracas Cota Mil Navidad Santa Claus

El "Santa" de la Cota Mil es el más querido de Caracas. Este año causó preocupación porque no apareció el 01 de diciembre, sino el 02, un día después. Esta es su historia.

A las dos de la mañana Pedro Guevara recibe una llamada. En su celular se refleja la palabra “Santa”. Se siente dichoso y afortunado de tener una entrañable relación con San Nicolás, y un San Nicolás bastante peculiar y encantador.

Al otro lado del hilo telefónico le preguntan: “Pedro, si la gente del canal no me viene a buscar, ¿tú me das la cola?”. Imposible negarse a esta petición. Responde sin dudas: “Claro Santa, yo te busco”.

Tres horas después recibe otra llamada, ya Santa iba camino a la Cota Mil en un taxi. La ansiedad y la impaciencia le ganó al señor de 83 años, quien no fue capaz de esperar y se fue por cuenta propia, sin importar los fantasmas de la inseguridad ni su avanzada edad. Necesitaba llegar a tiempo y le era imposible fallar. La tradición de 15 años no se podía romper, a pesar que en esta ocasión fue diferida por pocas horas.

El día anterior, su ausencia en la avenida Boyacá, mejor conocida entre los caraqueños como Cota Mil, había generado miles de comentarios. Se habían elevado, incluso, oraciones por su salud, por su vida, por parte de personas que ni siquiera conocen la verdadera identidad del noble y festivo personaje.

La ausencia de Ramón Canela Pascual en una de las principales arterias de la ciudad fue tendencia nacional en la red social tuiter. Definitivamente, San Nicolás no podía volver a fallar, mucho menos después de subsanar el “detalle con el traje” que le impidió abrir el mes de diciembre con su acostumbrado saludo, como lo hace desde hace más de una década.

Aunque hay quienes aseguraron que el temor a la inseguridad fue uno de los factores que incidió en la ausencia del primero de diciembre pasado. Hasta un hijo de Canela lo llamó desde Londres. No podía creer que su padre no fuera a la Cota y que fuera tendencia en la red del pajarito, cuando él ni siquiera está registrado.

Ya en una ocasión, vestido de Ramón, fue sorprendido por unos delincuentes cuando disfrutaba de sus regulares paseos por el Ávila. A raíz de ello cambió de rumbo hacia el Parque del Este, donde camina una hora y media al día.

¿Yo creo que es suficiente, verdad?, le pregunta a su amiga Milagro López, otra de las asistentes del Santa. Actividad que desarrolla igualmente burlando a los fantasmas de lo indeseado al llegar al parque a las 5:30 am. Santa es un hombre que se ejercita y cuida de su salud: no fuma y no bebe. “Es un roble, sus piernas son un bate”, asegura Pedro.

A la Cota Mil generalmente llega solo. Lo único importante para él es “dar felicidad, la misma que recibo en mi corazón con cada saludo y sonrisa de un niño”. Llega con una bolsa verde, donde guarda todos los detalles que le regalan pequeños y adultos: caramelos, galletas, los cuales se come poco a poco para cuidar la dieta. Milagros, sin querer, lo traiciona y asegura que le encanta el chocolate. También conserva con mucho anhelo las cartas, que guarda y relee constantemente.

El vestir de San Nicolás para Ramón es un detalle especial, al extremo que cuida con celo sus trajes comprados en Alemania, su cencerro de España y su barba, la cual deja crecer desde agosto. Canela es un hombre coqueto, que tiene entre sus pasatiempos coleccionar perfumes. Le encanta oler bien.

La mañana avanza y la cola ya pasa de 10 kilómetros en la avenida Boyacá. Es inevitable que entre saludo y saludo se pasen algunas mentadas de madre, pero, en un acto de sinceridad, las bendiciones y los buenos deseos superan por creces la ingratitud de los insultos.

Este peculiar personaje llegó al país con 20 años. Vino de la mano de su madre y tres hermanos, huyendo del luto por la pérdida de su padre, hecho que aún le afecta, al punto que —sin importar las sonrisas— unas lágrimas saltan a su rostro, en medio de tantas felicitaciones.

Reconoce que en un primer momento los planes de la familia Canela Pascual se posaron en Brasil; sin embargo, un desconocido los convenció que la mejor opción era Venezuela.

Así saltó el charco Ramón, pasando de su natal Cataluña a Caracas. La Venezuela del 50 les abrió las puertas para su desarrollo personal y profesional. Aquí se casó, tuvo cuatro hijos, que ahora le han dado seis nietos.

Se formó como contador, profesión que le permitió trabajar en Estados Unidos por muchos años, pero su entrañable relación con el país no le ha permitido separarse de manera definitiva, a pesar de las dificultades que ahora atraviesa la que en un momento fue su nueva casa. “Cuando uno ha estado en Venezuela es difícil irse de acá. Esta conversación que estamos teniendo sería muy difícil en otro sitio. Hace unos años viajé a Mallorca, yo saludaba y nadie me contestaba. Aquí soy muy feliz, me gusta la gente, la forma de ser, echan mucha broma y, sobretodo, me gusta la bondad que reflejan en cada circunstancia por muy adversa que sea”, dice mientras recibe besos y abrazos de personas desconocidas que le estrechan sin importar su procedencia o identificación, para ellos es solo Santa.

“Santa cuídate, tienes que estar aquí el próximo año”, “Santa, ¿porqué no viniste ayer?, te extrañamos”, “Santa, tan bello, Dios te bendiga”, fueron los deseos constantes de los transeúntes de la Cota Mil. Incluso, un joven, desde una camioneta, no se amilanó y le gritó: “Te amo”.

Con ayuda de su pareja de amigos y de las personas que bajaron de sus automóviles se mueve entre el recodo del Waraira Repano y el hombrillo de la avenida, en un intento porque los niños pudieran disfrutar de su presencia y saludarlo desde los automóviles que pasan a muy baja velocidad para ver al personaje llegado de la California norte.

A medida que pasan las horas, la cola aumenta, los policías procuran que los carros no se paren en plena vía rápida. Constantemente invitan a los conductores a continuar su camino. A pesar del trabajo extra de este día, también disfrutan de la presencia de Canela. “Claro que lo extrañamos, él ya es una tradición de Caracas”, aseguró uno de los uniformados de la Policía Nacional Bolivariana.

Hoy, el hombre de 83 años —que pasó cuatro años en la legión extranjera en África, tras falsear su partida de nacimiento—, está dedicado a cultivar buenos amigos, hacer ejercicios y disfrutar del gentilicio venezolano. En cada llamado pide orar y acercarse al Señor Dios, porque “es imposible ser feliz sin el Señor Dios. El dinero me ha traído felicidad, pero yo no amo el dinero, él solo cubre las necesidades que tengo”.

Fuente: Informe21.com 16/12/2015



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